luns, 24 de marzo de 2008

** Diario dun can...porque os cans tamén teñen vida

Os cans teñen sentimentos, moitos. O meu can, o Cuco, demóstramo cada día. Tivo sorte, ten unha casa e un familia que lle quere. O cariño que nos da o Cuquiño é incondicional. Non creo que haxa no mundo seres que encarnen mellor o significado da palabra “lealdade”. Ter un can esixe responsabilidade e dedicación, nunca debe ser unha decisión caprichosa. Un can non é un obxecto, é un ser que sinte. O seguinte relato é unha narración que me conmoveu. Un relato triste e verídico que se repite con demasiada frecuencia. Hai que ser ben desalmado para abandonar un can. Non sei porque algunha xente se empeña en ter can cando realmente non está capacitada para educalo e atendelo. Pódense ter outras mascotas, canarios, peixes, tartarugas, hámsters,... , non hai ningunha razón para crucificar un can, non creo que ningún teña vocación de mártir e menos de santo.





DIARIO DE UN PERRO



Una semana: Hoy hace una semana que he nacido. Qué alegría haber llegado a este mundo.



Un mes: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.



Dos meses: Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós. Espero que mi nueva familia humana me cuide tan bien como ella me ha dicho que harán.



Cuatro meses: He crecido rápido, y todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como hermanitos. Somos todos muy inquietos, ellos me tiran del rabito y yo les mordisqueo jugando. Nos divertimos mucho.



Cinco meses: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí dentro de casa, pero nunca me habían dicho dónde hacerlo. Además duermo en un cuartito...y ¡ya no aguantaba más!



Ocho meses: Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar, y me siento tan seguro, tan protegido...Mi familia humana me quiere y me deja hacer muchas cosas. Cuando están comiendo yo les pido algo y siempre me lo dan. Y el jardín de casa es estupendo, y puedo escarbar como mis antepasados los lobos, escondiendo la comida. Creo que nunca hago nada mal porque nunca me dicen nada...



Doce meses: Hoy cumplí un año. ¡Soy un perro adulto! Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Seguro que se sienten orgullosos de mí...



Trece meses: Que mal me sentí hoy. Mi hermanito, uno de los niños, me quitó la pelotita. ¡Yo nunca le quito sus juguetes! Así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho fuertes y le hice daño sin querer. El gritó y lloró y yo me sentí muy triste. Después del susto me encadenaron casi sin poder moverme. Hacía mucho sol y tenía mucho calor y no había agua cerca...Y les oí decir que iban a tenerme en observación o algo así, y que soy un desagradecido. No entiendo nada.



Quince meses: Ya nada es igual. Vivo en la azotea y me siento muy solo. No se por qué mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed, y cuando llueve no tengo ningún techo para cobijarme.



Dieciséis meses: Hoy me bajaron de la azotea. Me puse muy contento de que me perdonaran, y daba saltos de gusto, y movía el rabito como nunca. ¡Y además me van a llevar de paseo! Monto en el coche y espero a ver a dónde me llevan, tengo muchas ganas de correr y jugar con mi familia. Paramos, abrieron la puerta y yo me bajé feliz. Estábamos en la carretera, al lado de un campo y pensé que pasaríamos un día estupendo. No entiendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Esperadme!, les grité, ¡Os olvidáis de mí! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas, muy angustiado, iba viendo que no podría alcanzarles, que no podía correr más y el coche se iba haciendo pequeñito. Me habían olvidado.



Diecisiete meses: He intentado encontrar el camino para volver a casa y no lo he conseguido. Estoy perdido. A veces me encuentro con gente buena que me mira triste y me da algo de comer. Yo les doy las gracias con la mirada, y les digo que querría que me adoptaran, que les prometo ser leal como nadie...pero sólo dicen "pobre perrito, se debe haber perdido". Y se van y me dejan sólo otra vez.



Dieciocho meses: Es otro día pasé por un colegio y vi a muchos niños como mis antiguos hermanitos. Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras, "a ver quien tiene mejor puntería", decían. Una de las piedras me dio en un ojo y ya no veo con él.



Diecinueve meses: Ahora ya no se me acerca casi nadie, creo que es porque ya no soy un perro bonito. Estoy muy flaco, perdí mi ojo, tengo alguna herida de algún perro más fuerte que me mordió cuando intentaba comer y hace mucho que nadie me cepilla el pelo. La gente no me acaricia. Últimamente lo que abundan son los escobazos que me dan cuando intento dormir un poco a la sombra de alguno de sus porches.



Veinte meses: Casi no puedo moverme. Hoy intenté cruzar la calle por donde pasan coches y uno me atropelló. Aunque yo creo que estaba en un lugar seguro...y no olvidaré la mirada de satisfacción del conductor que hasta se ladeó con tal de darme...Si me hubiera matado...pero que va, sólo me dislocó la cadera y el dolor es horrible. Mis patas traseras no se movían, así que con mucha dificultad me arrastré hacia el borde del camino, donde había un poco de hierba.

Llevo diez días bajo el sol, la lluvia y el frío, sin comer. Ya no me puedo mover nada, el dolor es insoportable. Me siento muy mal, cuando llovió se hizo un charco donde yo estaba y como no podía moverme estuve mojado muchísimo tiempo, y creo que mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa sin verme, otros me dicen "no te acerques"... ¡pero si ni me puedo mover!



Ya casi estoy inconsciente, pero una fuerza extraña me hizo abrir los ojos. Una mujer muy dulce me decía "pobre perrito, cómo te han dejado". Junto a ella venía un señor de bata blanca, que empezó a tocarme y dijo "lo siento señora, pero esto ya no tiene solución, es mejor que deje de sufrir". A la señora se le saltaron las lágrimas y asintió, y como pude, moví el rabito agradeciéndole que me ayudara a descansar. Sentí un pinchazo de la inyección y me dormí mientras ella me acariciaba la cabeza, pensando porqué tuve que nacer si nadie me quería.



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RELATO ALLEO ENVIADOR POR: Alvariño
Gran Colaborador de A Lareira Máxica

7 comentarios feitos. Deixa o teu!!!!! :

Patricia Loureiro dixo...

Se os canciños, cans e demais animaliños soubesen falar ou escribir cantas denuncias farían ante desalmados seres que din ser persoas. Fai falla ser máis responsabeis e non encapricharse dun can e logo se te vin non me acordo.

Bicos e grazas polo relato Alvariño. ¿Que opina o resto de lectores de A Lareira Máxica do tema do trato do cans, abandonos, etc.?

Anónimo dixo...

Triste realidade que reflexa de maneira resumida como e a vida.

Anónimo dixo...

Sin comentarios, pasa mais do que un se pode imaginar. E o peor que non lle queda ningunha sensacion amarga...
O meu can ten moita sorte, vive coma un rei e viaxa de vez en cando en avion...
raquel

Anónimo dixo...

triste, moi triste a vida dos cans cando están en mans de xente sen escrúpulos e que ao final cando éstes medran os abandonan sen contemplacións...os cans de cachorros sempre son moi simpáticos, sobre todo para os nenos, pero medran e ao final poden ser un estorbo, non entendo a esta xente que quere ter cans nun piso, alegando que son razas para vivir en sitios pequenos, un can é un animal e polo tanto ten que facer exercicio, moito ou pouco pero sempre algo, non pode estar dia tras dia paseando polos pasillos ou de cuarto en cuarto nun piso, sexa grande ou pequeno, senón hai sitio nin gañas mellor non ter un can, polo noso ben e por suposto polo de eles.
Por certo, hai dias eu tamén escribín unhas liñas encol do temas dos cans, teño dúas cadelas de boxer, se tedes interese en botarlle unha ollada aqui vos deixo o enderezo.
http://breo.blogaliza.org/archives/403

un saúdo para tod@s e parabéns pola web

Julio Torres dixo...

Patri: Xa o falamos, pero levas toda a razón. Se os animais falasen....

Toupe:Non se pode sintetizar mellor

Raquel: Tés un can moi privilexiado polo que vexo. Nin Marco Polo....
Breogain: Gustoume o teu artigo breogain. POR CERTO, non sabía nada de que pechaba a Casa do Coto en Tomeza. Unha auténtica mágoa.

Un saúdo para a Ponte vella.

Carpe Diem

Anónimo dixo...

Espeluznante relato. Real, moi real. O can é un animal doméstico e o salvaxe…, ¿quén é o salvaxe? Venme un latinajo á cabeza, Homo lupus hominen. E eu engado: Homo Lupus canem,

Anónimo dixo...

Unha historia triste, aínda que en parte cun bo final. O peor como alguén comentaba, non recordo, é que tantas veces sucede esta historia.
AS veces os humáns realizamos acción que non nos definen precisamente como persoas.
Nen sequera os animnais tratan así as persoas.
Se por un momento te pos na pel do personaxe, síntes case un dor tremendo.
Non hai palabras para definir certas acción que cometemos, pero ¿por qué se seguen cometendo? Uns dunha maneira e outros d outra.